Economía

Cae la confianza en EE. UU., pero crece el gasto de agosto

La encuesta de septiembre muestra peor percepción del empleo y la economía. El gasto de agosto aún creció; los datos posteriores probarán si cambia el consumo.

Bodegón conceptual en una cocina: bolsa de tela con alimentos y cartera cerrada sobre una mesa de madera.
Ilustración editorial generada con IA mediante Codex; no es una fotografía de un hogar encuestado.
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La caída de la confianza del consumidor estadounidense en septiembre es una advertencia sobre las expectativas de los hogares, no una medida de las compras realizadas ese mes. El Conference Board informó de un índice de 81,9, 6,7 puntos menos que los 88,6 de agosto. Reuters situó la lectura cerca de su mínimo de doce años y medio. La encuesta merece atención porque empeoraron tanto las valoraciones de la situación actual como las de los seis meses siguientes. Pero no puede convertirse directamente en una caída de los ingresos del comercio.

La interpretación tiene un problema de calendario. La encuesta preliminar de septiembre recogió respuestas hasta el día 23. Las cifras amplias de gasto más recientes disponibles al publicarse describían agosto, antes de gran parte del período que los hogares debían valorar. Esos datos de agosto fueron positivos. La pregunta útil desde el punto de vista financiero es si la menor confianza acabará llegando al gasto real y a través de qué limitaciones familiares.

Empeoraron la situación presente y las expectativas

El comunicado de septiembre del Conference Board muestra una bajada de 7,9 puntos del índice de situación presente, hasta 109,3, y de 5,9 puntos del índice de expectativas, hasta 63,6. Esa combinación importa más que el nivel de un único titular. Los encuestados no solo se mostraron menos optimistas sobre el futuro: también empeoró su valoración actual de las condiciones empresariales y laborales. Según el comunicado, el balance de opiniones sobre las condiciones empresariales actuales fue negativo por primera vez desde septiembre de 2024.

Es una encuesta sobre actitudes e intenciones, no un recuento de lo que gastaron los hogares; sus componentes tienen preguntas y límites de muestreo propios. El Conference Board indica que los resultados preliminares proceden de una muestra en línea cerrada el 23 de septiembre. Las respuestas libres mencionaban a menudo precios elevados, petróleo y gasolina, pero esas preocupaciones no demuestran que un único precio o una política concreta causaran el movimiento del índice. También pueden influir las opiniones políticas, los ingresos y la experiencia financiera personal.

El comunicado encontró asimismo planes más débiles para numerosos servicios discrecionales, aunque la intención de viajar por vacaciones resistió ligeramente. Son planes, no pedidos ni recibos. Para una empresa ligada a viajes, restauración o artículos del hogar, la encuesta indica dónde mirar después. No permite calcular sus ingresos a partir del índice de confianza.

La percepción del empleo es el punto de transmisión

La disponibilidad percibida de empleo ofrece un posible vínculo entre encuesta y consumo. Bajó la proporción que consideraba abundantes los puestos de trabajo y subió la que opinaba que eran difíciles de conseguir. Según el Conference Board, la diferencia entre ambas quedó en 1,7 puntos porcentuales. Un hogar preocupado por su capacidad de sustituir ingresos puede aplazar una compra importante antes de que alguien pierda su empleo. Es un mecanismo económico, no una afirmación de que la encuesta ya haya medido una caída del empleo ni de que todos los encuestados vayan a gastar menos.

El último comunicado oficial sobre empleo cubre otro mes. La Oficina de Estadísticas Laborales registró 162.000 empleos adicionales en las nóminas de agosto y una tasa de paro sin cambios del 4,1 %. Estas cifras no anulan el empeoramiento de las percepciones de septiembre: preceden a la mayor parte de la encuesta y miden empleo, no sentimiento. También impiden afirmar sin más que la encuesta de septiembre demuestra un desplome laboral actual. Las siguientes cifras de empleo, y las revisiones de las anteriores, serán mejores pruebas de si inquietud y realidad observada se acercan.

La misma distinción se aplica a los salarios. Una persona puede tener trabajo y sentirse presionada por el coste de la vida o la perspectiva de un mercado laboral más débil. El Conference Board señaló que el balance de expectativas sobre los ingresos familiares seguía siendo positivo, aunque había bajado. Esa combinación es compatible con seguir gastando mientras aumenta la cautela. Nuestra inferencia es que el riesgo podría aparecer primero en las compras opcionales aplazadas, sin una caída simultánea en todas las categorías.

Las compras de agosto cuentan otra historia, anterior

La Oficina de Análisis Económico informó de que el gasto en consumo personal de agosto creció un 0,9 % en dólares corrientes y un 0,6 % ajustado por precios. La renta personal disponible real no cambió respecto al mes anterior. Son estimaciones del gasto efectuado, aunque sujetas a revisión. Muestran que el gasto aún no había caído en agosto; la estabilidad de la renta real también desaconseja suponer que ese ritmo continuará indefinidamente.

El avance de ventas minoristas y de restauración de la Oficina del Censo mostró asimismo un aumento del 1,2 % en agosto frente a julio. Esa medida minorista es nominal, tiene un alcance menor que el consumo total de los hogares de BEA y expresamente no está ajustada por precios. No debe sumarse al dato de BEA ni presentarse como una segunda estimación del consumo real. Ambos comunicados ofrecen comprobaciones separadas de que las transacciones de agosto seguían creciendo en sus respectivos ámbitos.

La aparente contradicción entre la encuesta de septiembre y las compras de agosto puede deberse simplemente al calendario. También puede reflejar la diferencia habitual entre lo que los consumidores dicen y hacen, o un desplazamiento hacia bienes necesarios mientras se debilitan algunas categorías opcionales. Las pruebas actuales no permiten elegir entre estas explicaciones. Ayudarían las ventas comparables, el número de operaciones y la composición de las ventas de cada minorista; un índice general no los aporta.

Solo el comportamiento posterior cerrará la brecha

El argumento más sólido para considerar la caída de confianza como una señal económica temprana es que las compras de agosto precedieron al deterioro de la encuesta de septiembre. Si se debilitan conjuntamente las nóminas, la renta real y el consumo ajustado por inflación de meses posteriores, la encuesta parecerá una advertencia oportuna. Si las transacciones y los ingresos laborales resisten, la caída de confianza podría describir tensión financiera sin una contracción correspondiente del gasto agregado. Son interpretaciones condicionales, no pronósticos.

Para el inversor, importa el orden de las pruebas. La confianza de septiembre señala un riesgo para los hogares, especialmente en seguridad laboral y gasto opcional. Los datos de BEA y del Censo establecen que las compras generales todavía habían crecido el mes anterior. Las próximas publicaciones mensuales y los datos de ventas empresariales permitirán comprobar si la advertencia pasa de los presupuestos familiares a los ingresos. Hasta entonces, llamar a la encuesta prueba de recesión o ruido irrelevante exageraría lo que muestran los datos.

Fuentes

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