Las stablecoins parecen resolver el problema más visible de una remesa: mover con rapidez un derecho digital a través de una frontera. Ese logro es real, pero cubre solo un tramo de la operación. El remitente todavía debe financiar una cartera, obtener el token, convertir divisas cuando sea necesario y entregar el dinero en una forma utilizable por el receptor. El precio de esos pasos puede superar la comisión de la blockchain.
Esa es la lección útil de un ejercicio de cliente misterioso de Banca d'Italia recogido por CoinDesk. La investigación no demuestra que las stablecoins sean siempre caras, sino que no son sistemáticamente más baratas. Para el inversor, la diferencia desplaza la ventaja desde la velocidad bruta de liquidación hacia la liquidez, la distribución y la integración con vías locales reguladas.
La liquidación es solo la mitad del recorrido
Una remesa comienza antes de que se mueva un token y termina después de que llegue a la cadena. El remitente puede pagar una transferencia bancaria o una tarjeta para llegar a un exchange, una comisión de negociación para comprar una stablecoin en dólares y un diferencial de divisas implícito. El receptor puede volver a pagar para vender el token, transferir los fondos y retirar efectivo o moneda local. Los controles de cumplimiento y el soporte ante fallos también generan costes, aunque no aparezcan desglosados.
El relato oficial de Banca d'Italia indica que su análisis preliminar no halló una ventaja sistemática y observó costes de hasta el 9% en algunos corredores. Otra intervención del Banco sobre stablecoins identifica las comisiones de entrada y salida cobradas por intermediarios cripto como la mayor parte del coste total del estudio.
Eso no invalida una comisión de red baja; limita lo que demuestra. Una vía puede liquidar por céntimos mientras el cliente paga varios puntos porcentuales para entrar y salir. La comparación relevante es la moneda local entregada frente al desembolso total del remitente, no el coste aislado del salto en cadena.
El corredor decide si existe el atajo
Los pagos transfronterizos no constituyen un único mercado. Una ruta líquida euro-dólar con muchos bancos, fintechs y exchanges se parece poco a un corredor de moneda local con pocos agentes de pago. La liquidez del token, el número de creadores de mercado, el acceso bancario en cada extremo y la necesidad de efectivo cambian el resultado.
El análisis del BIS sobre tecnologías transfronterizas sostiene que la limitada interoperabilidad y las diferencias institucionales son restricciones decisivas. La tecnología puede acortar una cadena, pero no armoniza por sí sola las normas de identificación, abre una cuenta local, profundiza un mercado de divisas ni crea un proceso fiable de reclamación. Por eso un activo aparentemente sin fronteras acumula costes locales en ambas fronteras.
La lógica por corredor también evita una lectura excesivamente negativa. Allí donde un nuevo exchange o cartera introduce competencia real, las stablecoins pueden reducir precios. En otro mercado, un agente dominante de retiro puede apropiarse del ahorro. El mismo protocolo produce así economías distintas sin cambiar su rendimiento técnico.
Para las empresas de esta infraestructura, el volumen de transacciones es una métrica incompleta. Importa más cuánto recorrido controlan sin empeorar el tipo de cambio: opciones de fondeo, liquidez profunda, cobertura de pagos conforme a normas y soporte. La integración puede eliminar márgenes duplicados, pero también ocultarlos. La cotización transparente del coste total vale más que una comisión llamativa.
El acceso al dólar puede importar más que la comisión
El precio no es la única razón para elegir un medio de pago. Una stablecoin puede estar disponible fuera del horario bancario, llegar antes o permitir que el receptor mantenga exposición al dólar en vez de convertir inmediatamente a una moneda local frágil. Con bancos poco fiables o controles de capital estrictos, esa opción puede ser valiosa aunque una remesa convencional sea algo más barata.
El contraargumento es más fuerte cuando el receptor quiere el propio token. Si ambos extremos ya operan con stablecoins, hacen falta menos conversiones y se reduce el problema de la última milla. Pierde fuerza cuando el salario empieza como dinero bancario y el gasto doméstico termina en efectivo, porque cada transición repone un intermediario y un diferencial.
La revisión monetaria del BIS de 2026 llega a una conclusión compatible: los costes de entrada y salida pueden llevar el precio total al nivel de una transferencia bancaria o por encima. No afirma que la tecnología carezca de utilidad, sino que la eficiencia de liquidación no debe confundirse con un servicio minorista completo. Acceso, velocidad y preferencia por el activo deben medirse por separado del precio.
La interoperabilidad es la palanca duradera
La evidencia que reforzaría la tesis inversora es práctica, no promocional. Los proveedores necesitan mediciones estandarizadas del coste total en muchos corredores; menor diferencia entre tipos cotizados y realizados; más liquidez local; menos fallos de pago; y menores costes de soporte y cumplimiento por transferencia completada. Una comisión de red descendente no respondería por sí sola a la crítica del Banco.
También existe una respuesta competitiva de las vías tradicionales. Banca d'Italia señala que los sistemas de pago están adoptando la mensajería ISO 20022 y ampliando enlaces entre sistemas rápidos. Si las redes reguladas mejoran su interoperabilidad, las stablecoins tendrán que ganar por el servicio completo y no frente a la transferencia más lenta de ayer.
La conclusión provisional es más estrecha que los eslóganes de ambos bandos. Las stablecoins pueden ser la ruta más barata en corredores concretos y ofrecer ventajas no relacionadas con el precio en otros. No son un desvío universal alrededor de las divisas, la distribución y la regulación. Las plataformas con más opciones de crear valor duradero serán las que abaraten y hagan fiable la última milla, no las que solo aceleren el tramo intermedio.