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Un puente de liquidación de dos bancos concentra ahora el riesgo sistémico palestino

La salida prevista de los bancos corresponsales afectaría al comercio palestino mediante la liquidación de pagos y la liquidez en séqueles, salvo que llegue antes un sustituto respaldado por las autoridades.

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Un puente de liquidación de dos bancos concentra ahora el riesgo sistémico palestino

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Dos relaciones comerciales soportan mucho más peso que unos contratos bancarios ordinarios. Israel Discount Bank y Bank Hapoalim prestan los servicios de corresponsalía que permiten a los bancos palestinos liquidar pagos en séqueles con el sistema financiero israelí. Si esos vínculos se detienen, el problema inmediato no es simplemente que una entidad pierda un proveedor. Es que las facturas comerciales, las transferencias y la gestión de liquidez pueden perder su vía de liquidación.

Reuters informó de que Discount Bank prevé terminar la relación el 1 de septiembre y Hapoalim el 1 de octubre, alegando riesgos relacionados con el blanqueo de capitales y la posible financiación del terrorismo. Son acciones futuras anunciadas, no pruebas de que los canales ya estén cerrados. Por tanto, el resultado económico grave es un escenario condicionado a que no aparezca antes de las fechas límite una prórroga, una indemnidad o un sustituto.

Dos contratos sostienen la capa de liquidación de una economía

La banca corresponsal permite que una entidad ejecute y liquide pagos en un sistema al que otro banco tiene acceso directo. Los bancos palestinos no emiten una moneda nacional propia; el séquel israelí es central para el comercio diario y gran parte de las importaciones y exportaciones pasa por Israel. Los dos corresponsales israelíes convierten esa dependencia económica en un puente operativo.

La Autoridad Monetaria Palestina afirmó que ambos bancos procesaron aproximadamente 51.000 millones de séqueles en transacciones durante 2025. En su comunicado de julio, también señaló que el 90% de las exportaciones palestinas se dirige a Israel y que todas las importaciones se originan allí o pasan por allí, cerca del 60% directamente. Son cifras de la versión del regulador y deben leerse como tales, pero muestran el orden de la dependencia: el canal mueve flujos ligados a alimentos, combustible, medicinas, salarios y pagos comerciales, no un producto marginal.

Eliminar un puente no borra las obligaciones subyacentes. Los importadores siguen debiendo a proveedores y los empleadores a trabajadores. Lo que cambia es la capacidad de cumplir esas obligaciones con saldos digitales utilizables. Esa diferencia explica por qué un corte de corresponsalía puede convertirse en un acontecimiento de la economía real antes de parecer una quiebra bancaria convencional.

La primera fractura sería de liquidez, no de insolvencia

Cisjordania ya presenta un desajuste entre séqueles físicos y digitales. Los bancos palestinos reciben efectivo por la actividad comercial, pero las restricciones limitan cuánto dinero físico puede devolverse a Israel. Al mismo tiempo, los saldos digitales utilizables son escasos. El informe del Banco Mundial de mayo de 2026 identificó este desajuste y la incertidumbre sobre corresponsalía como riesgos sistémicos significativos a corto plazo.

Una cámara acorazada llena de billetes no equivale a liquidez de liquidación. El efectivo puede atender retiradas locales, pero no compensa automáticamente un gran pago electrónico de importación ni repone una cuenta en el sistema bancario israelí. Si los corresponsales dejan de procesar, los bancos podrían tener séqueles físicos pero carecer de saldos digitales para obligaciones transfronterizas. Los primeros síntomas probables serían retrasos en transferencias, límites de pago más estrictos, mayor demanda de efectivo y más uso de canales informales, no necesariamente una infracción inmediata de requisitos de capital.

El FMI sigue este problema estructural desde hace años. Su evaluación de 2022 describió los límites a las transferencias de efectivo como una restricción para la gestión de liquidez y consideró importante la continuidad de las relaciones de corresponsalía para liquidar el comercio. Ese historial muestra que el riesgo no es nuevo, aunque las fechas anunciadas lo hacen más inmediato.

La interrupción comercial volvería al bucle soberano-bancario

La fricción de liquidación puede propagarse. Un importador que no paga a tiempo puede recibir menos mercancía o afrontar condiciones más caras. Las empresas con inventario interrumpido generan menos ingresos e impuestos. Los hogares con salarios retrasados conservan más efectivo. Ningún efecto está garantizado con una magnitud concreta, pero cada mecanismo reduce liquidez.

La vulnerabilidad aumenta por la relación entre las finanzas públicas palestinas y los bancos nacionales. El Banco Mundial estimó una deuda pública de unos 4.800 millones de dólares al cierre de 2025 y una exposición bancaria total al sector público — incluido crédito directo a la Autoridad Palestina e indirecto a través de empleados públicos — de aproximadamente 5.300 millones, cerca del 42% del crédito bancario. Los agregados no son directamente comparables, como advierte el propio informe, pero muestran una conexión soberano-bancaria densa.

Si la interrupción comercial debilita ingresos mientras aumentan los atrasos públicos, los bancos pueden sufrir por ambos lados: empresas y hogares necesitan más liquidez, mientras las exposiciones vinculadas al gobierno son más difíciles de atender. Es una inferencia de las conexiones documentadas, no una previsión de pérdidas concretas.

La transferencia del riesgo es la decisión pendiente

La preocupación de cumplimiento de los bancos no puede descartarse. Un corresponsal puede afrontar exposición legal y reputacional si procesa financiación ilícita. Acuerdos anteriores utilizaron inmunidad e indemnidad gubernamentales para transferir parte de ese riesgo fuera de los bancos comerciales. La cuestión política es quién debe sostener una función de liquidación transfronteriza cuando las entidades privadas consideran inaceptable el riesgo de cumplimiento.

Varios resultados podrían evitar el escenario grave: nueva protección legal, un puente operado por el Estado, otro corresponsal supervisado o una transición gradual que preserve pagos esenciales. Cambiarían este análisis una prórroga vinculante más allá de las fechas anunciadas, pruebas operativas de un canal sustituto y reglas claras para devolver efectivo y mantener liquidez digital.

La evidencia contraria serían ventanas de liquidación incumplidas, reducciones formales de la capacidad de pago de importaciones, límites de emergencia a transferencias o un rápido aumento del cambio informal. Hasta entonces, hay que distinguir riesgo de colapso consumado.

La lección central es la concentración de infraestructura. Dos relaciones bancarias se han convertido en un único punto de fallo porque allí convergen comercio, uso de moneda y riesgo regulatorio. Una solución pública aún puede desplazar el riesgo antes de las fechas límite. Sin ella, la perturbación se transmitiría primero por la liquidación, después por los balances bancarios y poco más tarde por la economía.

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